Por qué la tormenta hexagonal de Saturno no se ha disipado en 40 años

· por Tomas Blazek · 5 min de lectura

Por qué la tormenta hexagonal de Saturno no se ha disipado en 40 años

El hexágono del polo norte de Saturno: por qué esta tormenta nunca se apaga

El hexágono del polo norte de Saturno es, sin exagerar, una de las cosas más raras que existen en el sistema solar: una corriente en chorro de seis lados, de unos 30.000 kilómetros de ancho, girando sin parar desde que las Voyager la fotografiaron a comienzos de los años ochenta. ¿Por qué no se ha desmoronado en cuatro décadas? Porque, en el fondo, no es una tormenta en el sentido en que entendemos las tormentas en la Tierra. Es una onda estacionaria alojada dentro de una corriente en chorro permanente, sostenida por la rotación vertiginosa del planeta y sin un solo continente que la frene.

¿Qué es exactamente el hexágono de Saturno?

Todo empezó en 1980 y 1981. Las sondas Voyager 1 y 2 pasaron cerca de Saturno y captaron algo que nadie esperaba: una figura geométrica casi perfecta rodeando el polo norte. Décadas más tarde, entre 2004 y 2017, la Cassini se instaló en el sistema saturniano y confirmó el hallazgo con lujo de detalle.

¿Tormenta o corriente en chorro? La clave del misterio

Aquí está el truco que resuelve el enigma: el hexágono no es una tormenta como las que conocemos en la Tierra. Un huracán terrestre nace, se alimenta del calor del océano y muere en cuanto toca tierra firme o agua fría. Es un fenómeno con fecha de caducidad. El hexágono de Saturno funciona de otra manera: es una onda de Rossby estacionaria, atrapada dentro de una corriente en chorro.

¿Qué significa esto en la práctica? Que el chorro de viento no traza un círculo limpio alrededor del polo. Ondula de forma estable, como una cuerda vibrando siempre en el mismo patrón, formando seis crestas y seis valles que, vistos desde arriba, dibujan el hexágono. No es un remolino que nace, crece y se agota. Es más bien un equilibrio fluido que se sostiene solo. Por eso hablar de que “se disipe” es, en realidad, un poco engañoso: no hay ninguna reserva de energía consumiéndose poco a poco, sino un patrón de flujo que persiste mientras las condiciones que lo originan sigan ahí.

¿Por qué no se disipa? Las razones físicas

Hay varios ingredientes que se combinan para que esta figura aguante décadas sin desarmarse:

La prueba del laboratorio: un hexágono en una cubeta

Lo más sorprendente quizá sea esto: el fenómeno se ha recreado aquí mismo, en la Tierra. En 2010, un equipo de la Universidad de Oxford liderado por Ana Claudia Barbosa Aguiar montó un experimento casero (a escala de laboratorio, claro) con un tanque de fluido en rotación. Hicieron girar un cilindro interior más rápido que el exterior y, para su sorpresa, el flujo generó por sí solo patrones poligonales: triángulos, cuadrados, hexágonos e incluso figuras de siete lados.

El experimento confirmó la idea central: cuando la parte interior de un fluido en rotación gira más rápido que la exterior, el flujo se desestabiliza de una forma muy concreta y termina formando ondas estacionarias. En Saturno, el chorro hexagonal se ubica precisamente en la latitud donde existe ese salto de velocidad, y ese gradiente es el que fija el patrón de seis lados.

Diferencias con las tormentas de la Tierra y de Júpiter

Comparar ayuda a ver por qué el hexágono es un caso aparte:

¿Cambiará algún día?

De momento lo único que ha cambiado es el color, no la forma. Un año en Saturno equivale a unos 29 años terrestres, así que la Cassini tuvo la suerte de presenciar cómo la llegada del verano al polo norte modificó la química de la atmósfera y tiñó el hexágono de dorado. La geometría, en cambio, no se movió ni un milímetro.

¿Podría cambiar a largo plazo? En teoría sí, si la dinámica interna del planeta se alterara de forma significativa, algo que no esperamos ver en escalas de tiempo humanas. Pero ahora mismo no hay ninguna señal que apunte en esa dirección.

Conclusión

El hexágono de Saturno no se ha disipado en 40 años por una razón muy simple: nunca fue una tormenta efímera. Es una onda estacionaria dentro de una corriente en chorro estable, sostenida por la rotación rapidísima del planeta, su calor interno y la total ausencia de superficie sólida que la frene. Y quizás lo más curioso de todo es que este “capricho” atmosférico, que parece sacado de otro mundo, se puede reproducir con un cilindro girando dentro de una cubeta de agua en cualquier laboratorio universitario.

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